Partidos Políticos, La ley de hierro de la oligarquía

Jesús Zerquera

Robert Michels nos descubre en este clásico sobre política cómo en los incipientes sistemas democráticos del siglo XX sigue seguía estando limitado el poder del pueblo y se enaltecía el liderazgo de una minoría social.

Partidos Políticos, La ley de hierro de la oligarquía

Uno de los temas de máxima actualidad durante este año 2011 que ya acaba, ha sido el surgimiento de los Indignados, un movimiento social que denuncia el actual estado de cosas en el campo político, económico y social y que aboga por un nuevo orden. Uno de los debates que se han dado en los medios de comunicación, pero también en los bares y en la cola del supermercado, es la incidencia real que este movimiento podía tener sobre las estructuras políticas.

No voy a daros aquí mi opinión sobre los indignados y sus posibilidades de éxito en la transformación social, porque probablemente no os interese; pero sí os voy a recomendar un libro escrito en 1911: Partidos Políticos, la ley de hierro de la oligarquía.

El autor, Robert Michels, fue un personaje intelectualmente muy interesante y con una trayectoria vital compleja, discípulo de Max Weber, militante socialista y sindicalista que finalmente pasó a engrosar las filas del partido fascista italiano. La obra nos habla por encima de todo del poder, de sus mecanismos de control sobre la masa y sobre la capacidad que tiene para convertir en palabras de Michels “a los revolucionarios de hoy en los conservadores del mañana”.

El libro relata como, aún en sistemas democráticos, la antítesis del sistema de herencia que representa la aristocracia, sigue siendo una pequeña minoría, una oligarquía, quien toma las decisiones. No sólo eso, sino que es esta pequeña clase dirigente la que controla a la masa y no al revés. Michels va más allá en sus explicaciones y llega a la conclusión que en las organizaciones revolucionarias de su época, que entonces eran los partidos socialistas y anarquistas, también se reproducían este tipo de conductas en sus propias organizaciones.

Esto se produce por causas inherentes a la naturaleza de cualquier organización humana, ya que cuando un grupo adquiere una dimensión considerable, el gobierno por parte de la Masa se hace técnicamente imposible. Entonces hay que escoger delegados que, con la simple realización de sus funciones, adquieren una serie de habilidades y conocimientos que los hacen imprescindibles y pasan de ser meros delegados a los líderes de la organización. Se crea así una nueva casta dentro de la organización y este proceso se reproduce indefinidamente.

Las conclusiones a todo esto es que el liderazgo es un fenómeno necesario en cualquier organización, técnicamente indispensable y que este liderazgo es esencialmente contrario a la democracia ideal, por tanto la masa nunca gobernará más allá que de forma abstracta. Pero estas conclusiones no nos pueden llevar a error, esto no significa que todos los esfuerzos que hagamos para mejorar nuestro sistema democrático sean en vano, pero sí debemos ser conscientes de las limitaciones que tiene el sistema, para poder frenar sus vicios y tendencias despóticas y así poco a poco ir mejorando la calidad de nuestra democracia, ya que como escribió Michels y seguro que es una inquietud que comparten muchos ciudadanos, indignados o no : “a la ciudadanía el único honor que le queda es participar en el reclutamiento del gobierno y ese es un pobre resultado a día de hoy”.

Comments powered by Disqus