“El mundo no nos deja ver quienes estamos destinados a ser”

Laura Saula
“El mundo no nos deja ver quienes estamos destinados a ser”
Foto: Laura Saula.

Marcos Labori (33) aparentemente lo tenía todo: un buen trabajo, una novia encantadora, un futuro prometedor. Pero una voz en su interior le decía que su vida tenía que ir por otro camino, un camino más cerca de Dios. Tras mucho tiempo de lucha interna para aceptar su destino, acabó ingresando en el Seminari Diocesà de Barcelona hace 4 años.

Allí estudia y vive junto a otros 24 alumnos con el objetivo de llegar a ser cura. En una apasionada conversación nos cuenta su historia.

¿Desde cuando sentiste interés por hacerte cura?

Ya de pequeño cuando iba a misa con mi familia observaba al cura y pensaba “qué trabajo más bonito”. También tenía un tío misionero capuchino que vivía en Colombia y cuando venía a visitarnos siempre quedaba muy impresionado por todo lo que contaba.

¿Sabía tu familia este interés especial por la Iglesia?

Cuando a los 8 años hice la primera comunión le confesé al cura que quería ser misionero. Desde aquel día me empezaron a regalar libros sobre el tema. Un día mi madre se enteró y les pidió que no me dieran más, que ya me interesaría por mi cuenta si hacía falta.

Y llegó la adolescencia.

Fueron unos años en los que desconecté bastante de la Iglesia. Salía con mis amigos, tenía novias, hacía mis travesuras... Pero un día a los 19 años pasé por delante de la iglesia donde había estudiado. Cuando estuve cerca sentí que tenía que entrar y reencontrarme con Dios. Me apunté en el grupo de jóvenes que había y estuve muchos años haciendo voluntariados, tocando la guitarra en la misa... Mi vida empezó a estar cada vez más llena de rezos y también de preguntas.

¿Qué te decía tu voz interior?

Sentía una llamada a ser de todos. Que Dios me necesitaba para ayudarlo y servir a todo el mundo. Si no hacía esto significaba que no era autentico conmigo mismo.

Pero aún faltaría mucho para tomar la gran decisión.

Poco a poco mi mentalidad fue cambiando, pasé de pensar sólo en mi mismo a tener una mirada más profunda que buscaba un sentido a las cosas. Nadie me daba respuestas a mis preguntas y eso me creaba mucha ansiedad. Empecé a rezar mucho pensando que si Dios realmente me llamaba y quería algo ya me lo haría saber. Pero no había señales aparentes. Mi padre me dijo un día a los 24 años: espérate cinco años más, y si sigues pensando igual es que realmente viene de Dios.

Y te refugiaste en el trabajo.

Puse muchas esperanzas en ello. Conseguí un empleo como fiscalista en un gran gabinete de abogados. Tenía un buen sueldo, pero vi que este mundo no era el mío. Luego pensé que quizás el problema era que nunca había vivido en el extranjero. Justo entonces me salió un trabajo en Bélgica durante un año, que me dió una gran experiencia personal.

Pero tampoco fue la solución...

Pensé que quizás tenía que probar de trabajar con mi padre y dedicar mi tiempo libre ayudando en alguna ONG. Intentaba hacer pactos con Dios para compensar, pero no había manera, siempre me faltaba algo. Finalmente creí que todo se arreglaría si tenía una novia que realmente me gustara. Encontré a Beatriz, una chica perfecta para mi. Pero mi cuestión interior seguía sin solucionarse. Pensé: si ya no es ella es que es Dios.

Debió ser una época dura...

Sentía mucha angustia. Quería que una voz me dijera con claridad qué era lo que tenía que hacer. Pero solo sabía que Dios me querría igual, hiciera lo que hiciera.

Hasta que fuiste a Colombia...

A los 29 años hice un viaje a Colombia para visitar a mi tío misionero. Ese viaje me ayudó mucho a decidirme. Al volver anuncié a mi familia que ingresaría en el Seminario para hacerme cura. Justo el día antes de mi treinta aniversario recibí la noticia que mi tío de Colombia había fallecido. Tuve tiempo de llegar al funeral y allí me di cuenta que, pese a que él nunca había tenido familia, había muchísima gente que le quería. Para mi aquello lo compensaba todo. Simbólicamente, aquel día hice un relevo con mi tío muy especial.

¿Qué es lo más importante que estás haciendo en el Seminario?

Básicamente todos los alumnos estamos haciendo un ejercicio de discernimiento: hemos de descubrir si esta llamada que sentimos viene realmente de Dios. Es muy importante saberlo para hacerte cura, ya que tienes que renunciar a muchas libertades, te hacen muchas correcciones y vives siempre aquí. Hay mucha oscuridad y lucha interior en esta decisión, pero también te da un gran crecimiento y te hace avanzar.

¿Cómo se ve el mundo exterior desde el Seminario?

Siempre nos dicen que cada día hemos de leer la Bíblia y el periódico. Creo que actualmente el mundo decide por nosotros a nivel personal y no nos deja ver quienes estamos destinados a ser. La felicidad va por un camino muy diferente al que la mayoría de gente sigue. Muchas  personas viven con miedo a hacerse demasiadas preguntas. Hacerse preguntas puede ser un camino difícil, pero no hemos de tener miedo a buscar la verdad.

¿Qué se tendría que hacer para que la gente se acercase a la Iglesia otra vez?

Se tiene la idea que la Iglesia está anticuada, pero no es cierto: los valores y el mensaje de Jesús son muy modernos. Creo que son las personas las que tienen que cambiar su visión, pues al final las iglesias son las personas. Y yo creo en el cambio de las personas, no de las estructuras.

¿Cómo te ves dentro de 20 años?

Me veo como un cura que servirá a la gente. Pero de momento he de aprender mucho y superar muchas pruebas, ya que, como nos suelen decir en el Seminario, sólo una persona que haya sido ayudada puede después ayudar a los demás.

 

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