Hiperdosis de realidad
Tras varias lesiones nasales provocadas por los portazos editoriales de los sesudos críticos literarios, que en su mayoría, como los periodistas deportivos, alguna vez jugaron a fútbol en la playa con un balón de nívea como curriculum empírico, decidió ejercer de picapedrero. Acudió a un sinfín de librerías y, estoicamente, con ejemplares de su obra en mano y una mesa en un rincón del establecimiento, se dedicó a convencer a los extraterrestes que actualmente consideran los tenderetes de venta de libros como un espacio lúdico, en el que no es pecado permanecer más de 5 minutos, para convencerles que su obra valía la pena.
Fructificó su fe. El boca-oreja llamó la atención de Espasa-Calpe y se hizo el milagro. Esta editorial publicó una ópera prima de un autor desconocido, sin rostro en los media audiovisuales.
“El bolígrafo de gel verde” es una patada en el estómago a las relaciones sociales establecidas en las grandes, o no tanto, metrópolis de nuestro país.
Partiendo de la base de la típica pareja de éxito (trabajos bien renumerados) que propagan los anuncios televisivos, sonrientes ante la marca de sopa liofilizada que consigue que con el tiempo te ahorras cocinando lo emplees en… ¿algo más productivo, por ejemplo dedicar más horas a tu trabajo?, el autor utiliza, a través del personaje principal, una maza que resquebraja la capa de decorado falso, hollywoodiano, que decora nuestra sociedad.
El protagonista sufre un burning out,que en nuestro idioma callejero significa que se da cuenta que 'está hasta los cojones de todo', y, tras un sinfín de hechos propios del hiperrealismo, inicia un camino hacia… no sabe qué.
Se 'lía la manta a la cabeza' y, valiente él, decide ir hacia adelante sin saber que al final de este túnel quizás no hay luz.
El planteamiento y la lección moral es, como mínimo aleccionadora.
No esperemos de este libro sonreir en prácticamente ningún capítulo. Es un aviso para navegantes.
Hay un episodio literario que me ha conmovido. Su viaje hacia la nada es delicioso, en cuanto que reitera hasta la obsesión los problemas que halla el protagonista en su atrevida decisión. El autor consigue, en este tramo de la narración, que nos solidaricemos, e incluso nos cansemos casi física y psicólogicamente, con los avatares de su nuevo modus vivendi.
Por decir algo en contra, la metáfora del bolígrafo de gel verde está demasiado explotada.
Además, el argumento que desarrolla Moreno quizás chirría con un final propio de best seller, y perdón por ser tan elocuente a la hora de avanzar el desenlace.
Un libro que nos hará pensar a muchos si realmente estamos de acuerdo con la vida que llevamos, o quizás con la forma de vida correcta que nos ha impuesto la sociedad en la que vivimos.
Para más información, observad la brillante portada de este didáctico libro.


