Do you speak English, Mariano?

Marc Santín
Do you speak English, Mariano?

¿Por qué tenemos presidentes que no saben idiomas, como Aznar, Zapatero o Rajoy? Cuanto más se demuestra lo mucho que dependemos de otros países, menos nos preparamos para dar buena imagen fuera de nuestra geografía.


Farruquito exclamaba estos días, en su visita a la India: “alucino con los parecidos que hay entre la cultura india y la gitana”. No sé a cuantos diwalis habrá asistido nuestro entusiasta bailaor, pero dudo mucho que el parecido sea realmente razonable. La del peatonicida gitano es una muestra más de cómo somos fácilmente apercibidos en el extranjero por nuestra incultura y carencias en general.

Es algo que nos ha acompañado siempre y, lo más preocupante, tiene toda la pinta de seguir así durante mucho tiempo. Las personas que representan a nuestro país no saben inglés y, lejos de intentar ser discretos, improvisan con cualquier salida de tono que a menudo nos cierra alguna puerta. Con este contexto llegan unas Elecciones desiguales y por las que ya no expresan curiosidad ni Europa ni Estados Unidos, más preocupados de la crisis.

Permitidme la licencia (que ya he adoptado) de referirme a Rajoy, ya, como el presidente de España. Quiero subrayar un motivo de enorme peso por el cual no debería llegar a ser cabeza de Estado: la pronunciación de su nombre. Los anglosajones preferirán no verlo antes que intentar elucubrar como dirijirse a él: “Marianou Reilloy”, sería la transformación automática entre angloparlantes, ¿le llamarán así?

Pero lo peor de todo es que el bueno de Marianou no podrá corregirles. No sabe hablar en inglés. Por mucho que dijera que estaba estudiando la lengua de Shakespeare, todos sabemos que no será capaz de utilizarla. Los precedentes son nefastos: Zapatero dijo que lo estaba dominando hace ocho años, y sigue igual. De él guardamos inolvidables anécdotas, como aquella vez que le pidió la prensa británica que explicase su última reunión en inglés y él, resuelto, respondió “No, thank you” (Tampoco olvidamos su “always Marruecos"). ¿Y a quién teníamos antes que ZP? Al entrañable Aznar, que se limitaba a leer con acento tejano o a manifestaciones mucho peores.

Es muy curioso: hoy en día, un español con estudios tiene casi imposible conseguir un trabajo de su especialización. Pero un político del Partido Popular o del Partido Socialista puede llegar a presidente del país sin saber inglés. Es como si, los que les votan o apoyan, pensasen: "Bueno, de momento lo hará bien dentro del país, luego ya aprenderá como hacerlo bien en Asuntos Exteriores". ¿No debería ser obligatorio para un candidato a la presidencia conocer la lengua más influyente del planeta? Sí, y debería ser obligado, también, saber francés y alemán, dado el liderazgo mostrado por el binomio Sarkozy-Merkel.

Pero me gustaría ir todavía más allá: ¿No debería el presidente de España saber hablar en gallego, euskera y catalán? Nos pasamos toda la vida escuchando como, desde sus atriles, proclaman la unión impepinable del país. Un Estado que hilvana diferentes culturas y lenguas sin perder la solidez grupal. ¿No merece el hecho de cobrar 78.185,04 euros anuales (más un sueldo vitalicio) tener la obligación de saber estas lenguas usadas por 7,7 millones de catalanes, 3,2 millones de gallegos y 1'2 millones de vascos?

Twitter y las nuevas tecnologías

Los dos candidatos sí que se han interesado, en cambio, por el fenómeno de las redes sociales. Ambos aseguran ser ellos quienes renuevan el hilo de mensajes de su cuenta de Twitter, e incluso los asesores de Rubalcaba quisieron ver durante el debate electoral (a dos) lo que le twiteaban sus seguidores para utilizarlo. Es un avance, sin duda, pero claro, al final se acaban publicando twits ajenos a lo que deberían (como la magnífica foto de Rajoy con Santiago Segura); o, dentro del partido, mensajes para difundir falacias, como el montaje de Carme Chacón mostrando un pecho.

Ya es casi definitivo, Rajoy será presidente. Dejamos atrás un debate totalmente aséptico. El boxeador Joe Frazier, el primero capaz de vencer a Muhammed Ali, era una de los pocos referentes que podían animar a Rubalcaba a luchar por algo que parecía imposible. El púgil americano murió ese mismo día del debate y, con él, se fueron todas las aspiraciones de Rubalcaba.

El combate, igualmente, ya estaba decidido. Y, en cierto modo, amañado, si se tiene en cuenta que no estaban el resto de fuerzas políticas de peso en el país, como cabría esperar de cualquier país civilizado. Ciertamente, es vergonzoso que las propias cadenas de televisión de nuestro país fomenten el bipartidisimo de esta forma.

Sin ánimos de posicionar a laPágina0 en uno u otro bando (ni nos va ni nos viene), sí que valoro el hecho de que Rubalcaba sepa inglés, francés y un poco de alemán. También que, durante su carrera política, haya cosechado grandes elogios por parte de diplomáticos y dirigentes extranjeros, que preferían hablar con él antes que con el ministro Moratinos en numerosas ocasiones. El candidato merecería mucho más si se tiene en cuenta aquel documento desclasificado por wikileaks en que el Gobierno Americano le calificaba de “capaz”, “serio” e “inteligente”, además de buen negociador y detallista. Es, sin duda, lo más bello que se ha dicho jamás desde EEUU de un político español.

Ahora ya no sirve de nada, pero tengamos en cuenta, en un futuro, todas estas virtudes necesarias en un presidente. Deberíamos publicar un anuncio para dentro de cuatro años, que rezase así:

Se busca persona con carisma, don de gentes y mucho conocimiento sobre economía para gobernar un país. Es vital que domine a la perfección la Comunicación 2.0 y sea capaz de debatir sin la necesidad de leer un papel. Inglés, catalán, gallego y euskera son esenciales; francés y alemán son un plus. Se valorará experiencia en el extranjero y disponibilidad inmediata.

Quizás así consigamos algo mejor. Quzás, antes de las próximas elecciones, consigamos tener un debate de verdad, y no el casposo seguido de monólogos que hemos tenido siempre. ¡Qué bonito sería ver un debate de verdad alguna vez! Un diálogo ágil, con respuestas rápidas y totalmente improvisadas. Lo pensé, sobretodo, viendo una charla que emitieron al día siguiente entre Eduard Punset y Andreu Buenafuente. "¿Cuál de los dos candidatos es mejor?" Le preguntaba el presentador al científico. Punset no tardó en decir que le llamaba la atención que Rubalcaba fuese calvo. Decía, "¿por qué sigue habiendo calvos?" Y se contestaba, lentamente: “Porque cuando todavía éramos Homo Sapiens, sobrevivían mejor los que no tenían piojos en la cabeza. Eran más cuerdos y sensatos. Una persona con pelo largo y con barba, en cambio, ¡siempre será un peligro!”.

No sé si la barba de Rajoy le ayudará a enajenarse y ejercer peor su cargo. En cualquier caso, doy por hecho que nos esperan cuatro (u ocho) años de pasar ridículos ajenos viendo como se relaciona en el extranjero. Y espero que, a fuerza de oír a los ingleses decir “Reilloy” y de ver como él no sabe corregirlos, acabemos por establecer una exigencia de idiomas para todo candidato a presidente acorde a los tiempos que corren. Congratulations, Marianou.



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