Del lápiz a la alta tecnología

Ainara Del Hoyo

Uno de los géneros en alza en las carteleras es el cine de animación. Después de unos años de decadencia donde la todopoderosa Disney decepcionaba a sus incondicionales con propuestas flojas y poco originales, ha sabido reinventarse de la mano de la Pixar.

Apostando firmemente por las nuevas tecnologías, ha sabido investigar nuevas formas de animación ampliando sus temáticas. El cine de animación ha dejado de ser un entretenimiento puramente infantil y ahora podemos encontrar películas  dirigidas exclusivamente para adultos como “Persépolis” o “Vals con Bashir”.

Pero lo cierto es que la animación tiene una larga trayectoria y fue usada desde el principio de la historia del cine con pioneros como Georges Mèlies, que ya usó técnicas de animación en su conocido cortometraje “Viaje a la Luna” de 1902; o el español Segundo De Chomón que hizo lo propio en trabajos como “La casa encantada” de 1907 o “El hotel eléctrico” de 1908. De hecho fue el propio Chomón quién inventó y desarrollo la técnica del “paso de la manivela”, que le permitía tener las tomas fotograma a fotograma y de este modo, trucar el tiempo y el movimiento de las imágenes consiguiendo vistosos trucos y efectos visuales.  Sin embargo, mérito de la primera película considerada de animación filmada es del estadounidense James Stuart Blackton con el cortometraje “The enchanted drawing”  (1900) que encandiló o incluso asustó al público del  momento con una técnica básica de sustitución de unos dibujos sobre pizarra.

Por otra parte,  los dibujos animados gráficos comenzaron su andadura de la mano del dibujante Winsor McCay con sus historietas animadas de “Little Nemo” (1911) y otra serie de películas que realizó posteriormente entre las que destaca “El hundimiento del Lusitania” (1918) que puede decirse que marca el inicio del documental animado.

Sobre ese año se estrenó también la primera película del personaje Félix, el gato creado por Pat Sullivan y dibujado por él mismo y Otto Messmer, aunque su autoría ha sido muy cuestionada y ambos fueron blanco de numerosas demandas por plagio a las que finalmente, pudieron hacer frente.  A pesar del éxito del personaje hasta aproximadamente los años 30, no superó el paso al cine sonoro y con color y dejó un espacio que no tardó en aprovechar la Disney con su personaje estrella: el archiconocido Mickey Mouse.

Ub Iwerks y Walt Disney fueron los creadores de este personaje que aun actualmente sigue siendo un fiel compañero durante la infancia de millones de niños alrededor de todo el mundo. Este ¿simpático?  Ratón comenzó su meteórica carrera protagonizando el cortometraje “Steamboat Willie” (1928) y enseguida se consolidó  como la imagen principal de la factoría Disney.

Animac.
Animac.

Durante esos años sólo los hermanos Max y Dave Fleisher podían competir en cota de pantalla con la Disney gracias a personajes que, aunque actualmente permanecen en la memoria colectiva y cultura de nuestra sociedad, no supieron sobrevivir al paso del tiempo. Se trata en concreto de sus personajes Betty Boop y Popeye. Betty Boop era el alter ego animado de la actriz y cantante Helen Kane y sin duda se caracterizaba por una feminidad y sensualidad nunca antes vista en cortos o películas de animación.  Era habitual que enseñara su ropa interior o mostrara actitudes claramente seductoras. Quizás por esto se alejaba más del público infantil y sus habituales bandas sonoras de jazz la hicieron triunfar entre el público más adulto.

Por su parte, el personaje de Popeye también se alejaba de la línea de animación para niños de la época. Un marinero tosco, simplón e irónico por momentos, se popularizó tanto entre jóvenes y adultos gracias a los cortometrajes de los Fleisher y a la tira cómica que aparecía publicada en The New York Evening Journal.  Popeye si pudo superar el paso al tecnicolor y al cine sonoro, y cuando la Paramount adquirió la compañía Fleisher lo mantuvo absolutamente renovado e introduciendo nuevas tramas  y personajes para que continuara siendo atractivo para el gran público.

Durante la década de los años 40 es la Warner que se convierte en  la benefactora del cine de animación americano.  Inspirándose en los personajes de Walter Lantz (el pájaro loco) y Paul Terry (creador de la casa Terrytoons), realizó una apuesta fuerte por la animación americana pero con claras diferencias con el dibujo realista que imperaba y triunfaba en la Disney. La Warner desarrolló cortometrajes y películas animadas  mucho más versátiles, con tinte más surrealistas y una vocación clara a la comicidad. Crearon la serie “Merry Melodies”  que de la mano de dibujantes como Tex Avery, Chuck Jones, Bob Clampett y otros muchos popularizaron personajes todavía vigentes como el Pato Lucas, Bugs Bunny, Correcaminos o Porky Pig.

Betty Boop.
Betty Boop.

Aunque en Europa también había cine de animación era muy minoritario, fuera de circuitos comerciales y la televisión estaba saturada de las producciones americanas. La pareja compuesta por el ruso Alexandre Alexeieff y la americana Claire Parker exprimieron al máximo las posibilidades poéticas y creativas de la animación creando piezas bellísimas donde las imágenes se movían al ritmo de piezas clásicas como en el caso de “Night on Bald Mountain”, con música de Mussorsgsky, dónde la estética prima por encima de la línea argumental.  Desde Rusia también se dio a conocer como dibujante y animador Ivan Ivanov-Vanó, con una serie de animaciones basadas en cuentos e historias populares rusas.

Pero sin duda la propuesta más atrevida e innovadora del momento fue la realización de la pieza “Colour box”. Su creador, Len Lye, creo una nueva técnica  pintando directamente los dibujos sobre el celuloide, eliminando así el uso de la cámara. Usando como base una melodía de Don Baretto, creó una sincronización perfecta de imágenes y música, con ilustraciones vanguardistas de dibujos geométricos que recuerdan al estilo de Rothko o Mondrian.  Esta técnica fue muy imitada por otros ilustradores y abrió la brecha de la animación  como arte puro, más allá de líneas narrativas y cinematográficas.

Otro de los innovadores en el cine de animación fue el artista checo Jiri Trnka que introdujo la tradición de las marionetas checas en sus producciones, abriendo así una línea que ha perdurado y dado frutos muy interesantes dentro del cine de animación. Su estilo evitaba que las marionetas cambiaran de expresión mediante artificios sobre las mismas, por el contrario, mostraba las expresiones  con técnicas puramente cinematográficas haciendo uso de los diferentes encuadres, planos y trucos de iluminación.  Sus temáticas se movieron también entre los cuentos populares o de escritores consagrados como Chejov o Andersen.  Trnka realizó su primera pieza en 1947 y fue perfeccionando su técnica en los siguientes años hasta prácticamente su muerte en 1969.

Otro checo que marcó un hito en la historia de la animación es el controvertido realizador Jan Svankmajer.  Sus obras se mueven siempre dentro del mundo onírico, con tintes claramente surrealistas, como el propio Svankmajer se autodenomina,  y, a su vez, no pierde en frescura, comicidad e inteligencia. Es conocido por su uso de figuras de arcilla que mezcla a menudo con ilustraciones clásicas y actores reales, lo que contribuye a acentuar esta sensación de sueño o pesadilla para el espectador.

La animación por ordenador  llegará de la mano del estadounidense  John Whitney, que no solo fue un animador sino también un inventor de sus propias técnicas, usando desde cañones antiaéreos, ordenadores primitivos, y toda una serie de software de producción propia realizó toda una serie de cortometrajes o series donde la mezcla de luces, figuras y música daba paso una nueva corriente de corte psicodélica  con una finalidad puramente artística y vanguardista.

Sin duda, todos estos descubrimientos y artistas precursores  han sido de enorme influencia en el cine de animación tal y como lo conocemos hoy en día.  Es inevitable por ejemplo, negar la ascendencia de Svanmajer sobre Tim Burton desde sus primeros trabajos  como “Vincent” (1982) , y continuó sin abandonar en años posteriores con la memorable “Pesadilla antes de navidad”  (1993) o “La novia cadáver” (2005).  Sin duda, es uno de los actuales directores que ha hecho suyo el género,  dotándolo de una originalidad y un estilo propio sin abandonar  algunos de los preceptos de la animación clásica como el humor, las dobles lecturas y la versatilidad que un personaje de animación puede aportar.

Aunque actualmente la punta de lanza del cine de animación sigue siendo Estados Unidos de la mano de compañías como Pixar o Dreamworks; hay que destacar el cine de animación japonés que aúna la tradición del comic con sus técnicas de ilustración, realizando largometrajes o series televisivas básicamente enfocada a los niños, como “El viaje de Chihiro” (Hayao Miyazaki, 2001)  o pero con importantes excepciones en cine de animación exclusivamente para adultos, como el ya clásico “Akira” (Katshuhiro Otomo, 1998) o “Metrópolis” (Osamu Tezuka, 2001).

También en España es una industria creciente, tanto en el campo de la animación clásica (Donkey Xote, El Cid, Nocturna)  más dirigido para todos los públicos, u puramente para adultos como “Un perro llamado Dolor”, dibujada por Luis Eduardo Aute; como en el de la animación por ordenador (“Planet 51”)

A pesar de que  parece que las apuestas en animación avanzan más hacia abrir campo apoyándose en  las nuevas tecnologías, amparándose en la frenética escala de producciones  3D, y desarrollando software exclusivo como el polémico “motion capture” usado en la taquillera “Tintín: el secreto del unicornio” (Steven Spielberg, 2011); consigue encontrar  el equilibrio con dibujantes clásicos en estrenos como  “The secret of Kells” (Tom Moore, Nora Twomey, 2009), de indudable calidad, aunque pasen más desapercibidos y no puedan competir con las potentes industrias de la animación americana.

La animación se revela  así como una fuente imparable de creatividad, que aún tiene mucho que aportar en un panorama dónde,  a veces, ya todo  parece haber sido visto antes.

 

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