Arte "a La Escocesa"

Alexia Dominguez
Entrada principal de La Escocesa, cerrada al público.
Entrada principal de La Escocesa, cerrada al público.
Foto: laPágina0.

Barcelona se ha convertido, con el tiempo, en una especie de laboratorio de estudio de fenómenos que afectan al patrimonio industrial. Desde finales de los 90 han sido muchos los artistas (de diferentes ramas) que se han interesado por ocupar, en el sentido legal de la palabra, antiguos espacios deshabitados para uso propio como locales de creación.

Pero más que afectar, lo que han hecho ha sido resucitar; devolver a la vida espacios fantasmagóricos que en un tiempo lejano fueron el alma del barrio más trabajador de la ciudad. Como testimonio de la vida industrial de Catalunya en el siglo XX y motor de la revolución industrial española, ahora Poble Nou se convierte en el eje cultural de Barcelona.

Fábricas de ideas

Este proceso de transformación, en parte influenciado por los planes del proyecto 22@, promueve la expansión de locales donde colectivos de artistas, creadores y diseñadores pretenden establecer su centro de trabajo y vivienda. Un nuevo impulso para que la ciudad recupere aquella imagen cosmopolita y moderna que empezaba a perder, además de favorecer a los planes urbanísticos del Consistorio. La Escocesa es un claro y bello ejemplo. Se trata de un centro de creación artística en el corazón industrial de Poble Nou (c/Pere IV cerca del Parc Central), gestionado por la Associació d'Idees, una asociación sin ánimo de lucro formada por unos 30 artistas repartidos en 22 talleres.

Interior (planta baja) de La Escocesa.
Interior (planta baja) de La Escocesa.
Foto: laPágina0.

Elva Gigirey es su gestora cultural. Lleva tres años trabajando en La Escocesa, promocionando la Associació e impulsando los talleres abiertos en comunión con las asociaciones del barrio. La Escocesa data de 1852 como edificio industrial –propiedad de los Hermanos Paul. Durante más de cuarenta años fue una fábrica dedicada a la elaboración de productos químicos, principalmente, para la industria textil. La empresa que ocupó el conjunto por más tiempo –de 1894 a 1984- fue Johnston, Shields & Cía, de Newmilns, Escocia -de ahí su nombre- y se dedicó, específicamente, a la fabricación de cortinas y visillos de tul. Aunque también se dice que se dio en llamar “La Escocesa” pues en la misma zona había otra fábrica textil llamada “La Española”, bromea Gigirey. Otra de las partes del complejo perteneció a la compañía Vero Vidal y Cia. para la fabricación de colorantes artificiales y explosivos de 1881 hasta 1922. El edificio se realquilaría después a Foseco, dedicada a la fabricación de productos químicos destinados a la mejora del proceso de fundición, hasta 1971. Debido a la crisis del textil, la compañía de Newmilns cesa y ese mismo año los trabajadores de la fábrica crean  Lace Bobinet SA para continuar con la actividad anterior hasta finales de los 90, que trajeron consigo centenares de artistas y artesanos atraídos por una ciudad en auge y movimiento, con encanto y chispas de inspiración.

Los herederos de los Pauls, fueron alquilando los diferentes espacios a todo tipo de creadores hasta que en 2006 fue comprada por Renta Corporación con el fin de construir oficinas y viviendas. La inmobiliaria pactó con los artistas el desalojo de la fábrica, que se quedó completamente vacía a finales de 2007. Pero ese mismo año, La Escocesa fue catalogada como Patrimonio Industrial por lo que el Ayuntamiento de Barcelona aprobó un plan para la renovación de la isla estableciendo que dos naves del complejo (2400m2 de la fábrica que dispone de 5 naves) se dedicaran a uso público. Por lo que La Escocesa fue incluida dentro del programa "Fábricas para la creación artística” en el Plan Estratégico de Cultura de Barcelona 2006. Poco después, el Ayuntamiento cedió la gestión provisional del espacio a la Associació d'Idees, que nunca quiso marcharse. Con su proyecto de autogestión, continúan ofreciendo talleres para artistas a un coste bajo y organizando actividades en el barrio para artistas profesionales y amateurs. “Hubo un tiempo en el que se llegaron a organizar raves aquí dentro”, bromea Gigirey, “pero eso ya no pasa, antes no había organización ninguna, ahora aquí no entra nadie que no sea de la Associació” (esta periodista ha utilizado el viejo truco de la llamada perdida para acceder al recinto). En La Escocesa solo se trabaja. No se hacen exposiciones. Cada artista promueve su obra en otros espacios y galerías. Pero todos juntos desarrollan asambleas para decidir el curso de la Associació, bajo la dirección de Veronique Serfass, su presidenta.

Serfass es también artista. Nacida en Costa de Marfil en 1964, se formó en París donde estudió Diseño y Comunicación Audiovisual. Trabajó como ilustradora freelance, como directora artística y desarrolló proyectos propios en el ámbito multimedia con la explosión de las nuevas tecnologías. Pero el hambre artístico era más fuerte que lla así que se convenció de no llegar a los 60 sin haberlo probado, hizo la maleta y desembarcó en Poble Nou en 2003. La experiencia fue reconfortante para ella, “fue como reconectar con la sociedad de nuevo”. Su primer estudio estaba en la calle Pallars en el Espai Caminal. Pronto dio con el proyecto de la Associació de Idees, presentó su portfolio y entró. En 2008 la hicieron presidenta por votación y hasta hoy. “Quería impulsar no solo el proyecto propio sino una vida cultural i artística plena”, asegura. Explica que la situación cuando llegó a La Escocesa era un poco precaria, “no había organización, había que hacer limpieza, crear transparencia”. Su idea era hacer del arte “un servicio público a la comunidad en coherencia con el Ayuntamiento pero con una filosofía propia de autogestión” y, por supuesto, “generar oportunidades para los artistas”. Habla de “dar una nueva imagen” y crear “redes con otras entidades y colectivos artísticos del barrio”, como la relación que tienen con Hangar o los actividades conjuntas llevadas a cabo con Can Felipa o el festival Loop. “Hay pocos centros que se autogestionen y es lo que queremos promover” porque “Barcelona ofrece oportunidades artísticas” pero “la difusión de las exposiciones es pobre”. El año pasado, La Escocesa firmó un nuevo convenio con el Ajuntament con un presupuesto de 20.000€, “a la espera de la mitad, esperamos conseguirlo de nuevo para 2012”.

De derecha a izquierda, Veronique Serfass, presidenta de La Escocesa y su gestora cultural, Elva Gigirey.
De derecha a izquierda, Veronique Serfass, presidenta de La Escocesa y su gestora cultural, Elva Gigirey.
Foto: laPágina0.

El Ayuntamiento de Barcelona trabaja actualmente en un proyecto arquitectónico para acondicionar el espacio. “Esto no deja de ser una fábrica: te mueres de calor o de frío según la temporada”, constata Gigirey, “pero todavía no hay presupuesto para la reforma”. Gigirey muestra también su preocupación por “ver qué hacen los nuevos”, en relación al nuevo gobierno de CiU en materia de cultura.

La fábrica: modelo de inspiración

Para poder hacer uso de uno de los talleres de la fábrica se abren convocatorias, solo cuando un espacio queda libre (hay artistas que vienen a trabajar por meses). El interesado debe entregar su portfolio y un jurado de especialistas externos a la Associació, para garantizar la transparencia y la independencia de incirporaciones, valorará quién es el más adecuado para ocupar el lugar (la cuota de socio es de 100€ y de 125€ para los colectivos).

Hoy por hoy son 30 artistas ocupando 22 talleres (espacios). Entre ellos encontramos a: Xavier Vilagut pintor y escultor que juega con efectos ópticos (simplicando mucho su trabajo). Después de años y años de ir de taller en taller dio con La Escocesa y nu dudó en quedarse (próxima exposición: 14 oct. Col·legi Arquitectura Técnica de Mataró). Del mismo modo hizo Craig Stewart, un joven dibujante escocés que se vino de Manchester a Barcelona atraído por la cultura urbana.

Xavier Vilagut en su taller.
Xavier Vilagut en su taller.
Foto: laPágina0.

En La Escocesa podemos encontrar también colectivos de grafiteros que nos resultarían de lo más que familiares, o ejemplares como Jorge Rodríguez-Gereda, al que podemos recordar por los enormes rostros vecinales en paredes todo el mundo, o Tom14 en su techo particular.

Taller de Tom14 en el techo de La Escocesa.
Taller de Tom14 en el techo de La Escocesa.
Foto: laPágina0.

Gigirey nos explica que la fábrica también sirve a los artistas como modelo de inspiración: “interaccionan con el propio espacio, se contagian unos a otros…”. Es el caso de Tamara Zaitseva, una artista rusa que lleva ya dos años el su taller. Su próxima exposición en la Galería H20 trata precisamente de ello: son fotografías pintadas realizadas por toda la fábrica.

Tamara Zaitseva en su taller.
Tamara Zaitseva en su taller.
Foto: laPágina0.

Plácido Romero, a parte de miembro de la Junta (junto a Serfass y Gigirey), también es pintor. Llegó a Barcelona en el 83, desde Málaga, atraído por su fama artística. “En mi otro tiempo monto museos. Aquí todos tenemos un trabajo para comer”, explica y se lamenta de que en Barcelona aun “no existe infraestructura, todo se centra en el teatro”.

Plácido Romero, artista malagueño con taller en La Escocesa.
Plácido Romero, artista malagueño con taller en La Escocesa.
Foto: laPágina0.

La Escocesa, caramelo suculento

La última afirmación de Plácido no dista de la realidad, pues últimamente han tenido algún que otro malentendido con la Associació d’Actors i Directors de Catalunya (AADC) a causa de los últimos movimientos de la Conselleria de Cultura por complacer a todos (previos a las elecciones cabría destacar). El conflicto, por llamarle de alguna manera, se ha producido a raíz del pacto que el instituto de Cultura ha hecho con la AADC en el que les cedía una de las dos naves que precisamente gestiona la Associació de Idees, por convenio con el Ajuntament desde hace 12 años para remodelar es el espacio. Tanto Serfass como Gigirey se muestran un tanto molestas con la noticia porque, a parte de no haber sido consultada la decisión con la Associció, consideran que este nuevo convenio con la AADC significaría “una fragmentación del proyecto inicial de la Escocesa” en el que se especifica, además, que se trata de un proyecto “para artes visuales” resuelto por concurso público. “No seria consistente si ahora rompieran el acuerdo, al menos, sin volver a hacer concurso público”, concluyen.

LaAssociació d’Actors i Directors, por su lado, reclama un espacio fijo para crear y formar profesionales del teatro y, aunque consideran que La Escocesa sería una ubicación idónea para ello, afirman que fue el Ajuntament quien les ofreció el lugar. Reconocen, por otro lado, que estarían dispuestos a aceptar cualquier otro lugar en condiciones semejantes.

Todo se verá. De momento, los artistas del lugar siguen produciendo su arte "a la escocesa".

 

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